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La Mítica Regata Sydney-Hobart

ROLEX SYDNEY HOBART: 20 AÑOS DESPUÉS DEL ‘APOCALIPSIS’ Cada 26 de diciembre desde 1945 se disputa una de las regatas oceánicas más míticas del planeta: la Rolex Sydney-Hobart. En plena jornada del ‘Boxing Day’, festividad arraigada en la cultura anglosajona, una flota compuest...

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ROLEX SYDNEY HOBART: 20 AÑOS DESPUÉS DEL ‘APOCALIPSIS’

Cada 26 de diciembre desde 1945 se disputa una de las regatas oceánicas más míticas del planeta: la Rolex Sydney-Hobart. En plena jornada del ‘Boxing Day’, festividad arraigada en la cultura anglosajona, una flota compuesta por más de una centena de veleros zarpa del puerto de Sídney dispuesta a completar las 650 millas hasta Hobart (Tasmania). Es una prueba de fama internacional. Primero, porque la salida ofrece una estampa navideña tradicional para todos los medios de comunicación debido a que Australia se sitúa en el primer huso horario del mundo. En segundo lugar, porque el recorrido se adentra en aguas tan espectaculares como imprevisibles, siendo un desafío que todo navegante que se precie quiere afrontar al menos una vez en la vida. Todos saben del peligro que conlleva participar. Nadie ha olvidado lo ocurrido en 1998 cuando una tormenta brutal, de esas que irrumpen una vez cada 100 años, provocó seis muertes, el hundimiento de cinco barcos y el rescate de 55 personas en el estrecho de Bass. Veinte años después, repasamos cómo se produjeron los hechos y cómo aquella tragedia cambió el mundo de la vela oceánica.

SÁBADO, 26 DE DICIEMBRE DE 1998

[Foto: Salida de una reciente edición de la Rolex Sydney Hobart. | Carlo Borlengh]

 

Ciento quince barcos cruzan la línea de salida con la Ópera de Sídney de fondo. A bordo de las embarcaciones, una miscelánea de navegantes aficionados y superestrellas de la vela comienza a ajustar las velas para poner rumbo al Sur. El día es soleado y el viento, cálido. Aunque todos saben que a lo largo de cuatro días habrá frío y viento, nadie se imagina que esta prueba de velocidad y resistencia se va a convertir pronto en una prueba de supervivencia.

Poco después de salida, mientras la flota vuela hacia el Sur con vientos cada vez más intensos, por delante se está formando un frente frío procedente del Océano Sur. La organización de la regata recibe los primeros informes de una fuerte tormenta al Este de Tasmania, pero los meteorólogos apuntan a que ésta va a producirse a una distancia prudencial de la flota. Cae la noche y con ella llegan nubes y rayos estremecedores. Es la antesala del apocalipsis.

DOMINGO, 27 DE DICIEMBRE

[Foto: El velero australiano ‘Brindabella’, durante la regata de 1998. | AP]

 

Amanece. El estrecho de Bass da la bienvenida a los primeros barcos con olas gigantescas de entre 12 y 24 metros. Los pantocazos a bordo son de una violencia extraordinaria. Horas más tarde, los vientos son ya ciclónicos: 70 nudos (130 km/h) con rachas de 90 (166 km/h). Se acaba de desatar la tormenta perfecta.

Mientras la flota, repartida en un área de 30 millas, prosigue con la regata, los pescadores de la zona se han quedado en tierra firme. Saben perfectamente que navegar con esas condiciones es una temeridad. «Todos los regatistas de la Sydney-Hobart que conozco han tenido siempre más pelotas que cerebro», resume un pescador del puerto de Edén en el famoso documental de National Geographic sobre la tragedia.

Sobre las 14:30 horas se activa la primera baliza de emergencia. El ‘Stand Aside’ ha sido víctima de una ola de 15 metros, que ha destrozado el mástil. La tripulación acaba siendo rescatada por un helicóptero.

Más tarde, el ‘Winston Churchill’ es alcanzado por otra montaña de agua y espuma. El velero más viejo de la flota, que acumula dos vueltas al mundo y 15 ediciones de la Sydney-Hobart, no resiste la caída desde la ola y el casco se parte en dos, hundiéndose en cuestión de minutos. La tripulación logra subirse a dos balsas salvavidas. Por delante, horas y horas de angustia, desesperación y muerte a la deriva…

A bordo de ‘Sword of Orion’ se produce la primera víctima mortal tras enfrentarse a una ola de más de 20 metros que le hace dar una vuelta de 360 grados. Durante la sacudida, la botavara va de un lado al otro de la cubierta, descontrolada, y en un momento dado golpea al regatista olímpico Glyn Charles con tanta fuerza que arranca el arnés del tripulante y le lanza al agua. Chales desaparece. El resto de la tripulación se mantiene en la cubierta del velero, que ha perdido el mástil y marcha a merced de las corrientes y las olas.

A última hora de la tarde se pone en marcha la operación de rescate masiva. En total se movilizan 25 medios aéreos entre aviones y helicópteros, una fragata, media docena de barcos y 1.000 personas. Es el rescate más grande y complejo que jamás se ha llevado a cabo en Australia.

Ya de noche, todavía no hay noticias del ‘Winston Churchill’. Los tripulantes tratan de seguir vivos en las balsas, muy alejadas de la última posición que la organización tiene del barco. La noche es tremendamente cruel. Las balsas comienzan a desintegrarse entre tanta ola; tres regatistas acaban pereciendo y el resto tratan de mantenerse con vida con los restos que quedan a flote.

LUNES, 28 DE DICIEMBRE

 

Con la llegada de las primeras luces del alba todos los aviones civiles disponibles se unen al dispositivo de rescate. Finalmente, 55 regatistas son rescatados, incluidos los tripulantes del ‘Sword of Orion’. A lo largo del día también son auxiliados los supervivientes del desarbolado ‘Business Post Naidad’; a bordo hay dos fallecidos: el patrón, debido a un ataque al corazón, y otro tripulante que se ha ahogado con su propio arnés.

La preocupación se centra ahora en los navegantes del ‘Winston Churchill’. Nadie sabe dónde pueden estar hasta que, a última hora del día, un avión avista una balsa a 145 kilómetros de distancia de la última posición que se tiene del viejo velero. Veintiocho horas después de abandonar el barco, un helicóptero logra recuperar a los náufragos en plena noche y bajo complicas condiciones meteorológicas.

MARTES, 29 DE DICIEMBRE

[Foto: El ‘Sayonara’ de Larry Ellison | AFP]

 

El ‘Sayonara’ de Larry Ellison es el primer barco en aparecer al otro lado del estrecho de Bass. Ha escapado del corazón de la tormenta gracias a la velocidad del maxi, el más rápido de la época, y a la experiencia de la tripulación, la mayoría procedente del todopoderoso Team New Zealad.

El magnate estadounidense ha relatado en más de una ocasión lo que vivió en 1998: «Sin duda creíamos que no podíamos conseguirlo, las olas medían 15 metros y eran verticales, era como caer desde un edificio de cuatro plantas cada 45 segundos. Esto ocurrió durante tres horas. Fue horrible». Ellison también cuenta que una de las cosas que más le impactó fue ver cómo aguerridos hombres de mar lloraban como niños a su llegada a puerto. Todos sabían lo cerca que habían estado de la muerte y lo que era aún peor, eran conscientes de que mientras ellos descansaban, el resto de participantes seguía luchando por su vida. Después de aquella experiencia, Ellison declaró que no le iba a cambiar la vida, que no pensaba hacer las cosas de forma diferente pese a haber sobrevivido a algo así. Eso sí, prometió que nunca más participaría en la Sídney to Hobart. Sólo una hora después de llegar a puerto y comentar la terrible aventura a los periodistas, Ellison despegaba a bordo de su avión privado con destino a Antigua.

Al final, de los 115 barcos que salieron de Sídney, sólo 44 atracaron en Hobart. Doce embarcaciones fueron abandonadas en mitad del recorrido.

LA INVESTIGACIÓN DEL «DESASTRE»

[Foto: Un tripulante del ‘Winston Churchill, tras ser rescatado. | AP]

 

El juez que investigó la Sydney to Hobart de 1998 calificó lo sucedido de «desastre». El togado comprobó que desde la Oficina Meteorológica Australiana habían revisado los partes en el estrecho de Bass, constatando que las condiciones iban a ser mucho peores de los 40-50 nudos previstos. Los meteorólogos trataron de avisar a la oficina de regatas del CYCA pero, como se descubrió posteriormente, no había nadie trabajando. El juez, como recuerda Timothy Jeffery en el libro ‘Vela: las regatas más emocionantes y espectaculares del mundo’, criticó la gestión del CYCA, siendo objeto de demandas por parte de las familias de los que perdieron la vida y de los supervivientes.

Las críticas también se dirigieron a los propios barcos por no refugiarse en la costa, y a los meteorólogos, por no anticipar lo que se avecinaba. En este sentido, cabe recordar que los modelos matemáticos de la época no eran tan precisos como los actuales.

«El mar es el mar y nosotros somos seres humanos. El mar no es nuestro elemento y en aquella Sydney-Hobart el mar se volvió loco; las olas se enfurecieron y nosotros, hombres, estábamos en un lugar que no nos correspondía. Por eso murieron seis hombres. Espero que hayamos aprendido la lección», sentencia John Gibson, uno de los dos supervivientes de una de las balsas salvavidas del ‘Winston Churchill’.

ASÍ SE CONMEMORARÁ LA TRAGEDIA DOS DÉCADAS DESPUÉS

A las 15:00 horas del próximo 27 de diciembre, el Cruising Yacht Club of Australia (CYCA) rendirá homenaje a los seis regatistas fallecidos en 1998. A esa hora, en el informe de radio a la flota se pronunciarán las siguientes palabras:

… Y LA VELA OCEÁNICA CAMBIÓ PARA SIEMPRE

[Foto: Una tripulación de la Volvo Ocean Race, durante un curso de supervivencia. | Amory Ross]

 

Los cambios introducidos y promovidos por el CYCA después de la edición de 1998 ayudaron a cambiar los estándares de seguridad de las regatas oceánicas en todo el mundo. Se realizó una inmensa cantidad de trabajo, se aprendieron lecciones y se introdujeron cambios importantes:

  • El cambio más notable después de 1998 es el Curso de Seguridad y Supervivencia en el Mar. Este método de entrenamiento es tan eficaz que la Federación Internacional de Vela (World Sailing) lo aplica a nivel internacional.
  • Experiencia de la tripulación: el 50% de la tripulación debe haber completado el Curso de Supervivencia y Seguridad en Australia.
  • Equipo de seguridad personal: Todos los tripulantes deben llevar un EPIRB y estroboscopio.
  • Se prohíben los chalecos salvavidas estilo West West.
  • Informe a la entrada en Bass: Se debe hacer un informe obligatorio al Control de Regata sobre la condición de la tripulación, del barco y del equipo a la altura de Green Cape, justo en la entrada al Estrecho de Bass. Penalización severa por incumplimiento.
  • Identificación de las velas de tormenta (tormentín) antes del inicio de la regata.
  • Controles obligatorios de radio antes del inicio de la salida.
  • Las baterías ahora deben estar cerradas o ser de tipo gel.
  • Todos los barcos tienen que llevar un barómetro.
  • Una EPIRB por balsa salvavidas.
  • Radio VHF portátil a prueba de agua.

 

Fuente: http://www.expansion.com/nauta360/regatas/2018/12/21/5c1b5a49e2704e852e8b460d.html

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